
El mito de que las duchas vaginales de Coca-Cola sirven para prevenir el embarazo se remonta a los años 50, cuando se creía que el ácido carbónico en la bebida podía matar el esperma y el azúcar contenido aniquilaba los espermatozoides. Sin embargo, avisan los médicos, para el momento en que la ducha tiene lugar no menos de 100.000 de esas células ya rodean al óvulo, agitando ansiosas sus largas colas emulando a su propietario minutos atrás.
Un equipo de médicos taiwaneses (a tiro de piedra de Vietnam, de hecho) recibió en 2008 el Premio IG Nobel de Medicina por demostrar que ni la Coca-Cola, ni la Coca-Cola Light ni siquiera la Pepsi Cola tienen capacidades anticonceptivas y, de tenerlas, serían tan débiles que resultarían prácticamente despreciables. El estudio se realizó en respuesta a otra investigación del año 1985 que afirmaba que la Coca-Cola clásica funcionaba mejor como espermicida que la Nueva Coca-Cola, el fiasco enlatado que se lanzó por aquellas fechas.


